Esta ansiedad los domingos es más frecuente de lo que pensamos.; especialmente cuando el trabajo se ha convertido en fuente de estrés.
En teoría, todavía estás descansando; pero una parte de ti ya está en el lunes. Empiezas a pensar en los correos que tendrás que responder, en esa reunión, en todo lo que tienes pendiente o simplemente en volver a un lugar en el que hace tiempo que no estás bien.
Y aparece esa sensación (ansiedad)
Un nudo en el estómago. Inquietud. Irritabilidad. Tristeza. Presión en el pecho. O esa necesidad de que el domingo no se acabe nunca.
No estás trabajando, pero es como si tu cuerpo ya hubiese vuelto al trabajo. Generalmente desde ‘después de comer’ del domingo. ¿Te suena?
Y, ¿por qué aparece esta ansiedad los domingos?
Te cuento: nuestro cerebro tiene una enorme capacidad para anticiparse. Y eso es útil: nos permite prepararnos para lo que va a ocurrir. El problema aparece cuando aquello que anticipamos se ha convertido en una fuente de estrés.
Si durante la semana tu trabajo implica demasiada presión, conflictos, sobrecarga, miedo a equivocarte, sensación de no llegar a todo o simplemente llevas tiempo sintiendo que ese lugar (o esos compañeros) ya no encaja contigo, tu sistema nervioso puede aprender algo bastante sencillo: lunes = amenaza.
Y no necesita esperar hasta el lunes por la mañana para reaccionar.
Cuando el trabajo empieza a ocupar también tu tiempo libre.
Una de las señales a las que conviene prestar atención es sentir que cada vez necesitas más tiempo para recuperarte del trabajo. Llegas agotado al viernes. El sábado comienzas a encontrarte algo mejor. Y cuando por fin parece que estás descansando, llega el domingo y vuelves a sentir ansiedad porque sabes que al día siguiente empieza la rueda otra vez.
Poco a poco puede aparecer la sensación de que vives esperando al fin de semana y pasas parte del fin de semana temiendo que termine. Y eso desgasta muchísimo. Quizá no sea simplemente que ‘no te gustan los lunes’. Hay una diferencia entre preferir estar de vacaciones y sentir un malestar intenso cada vez que tienes que volver al trabajo.
Puede ser importante prestar atención si aparecen de forma frecuente:
- Ansiedad o tristeza los domingos.
- Problemas para dormir antes de empezar la semana.
- Irritabilidad con las personas que tienes cerca.
- Síntomas físicos al pensar en el trabajo.
- Pensamientos contantes sobre dejarlo.
- Dificultad para desconectar incluso estando fuera.
- Sensación de estar permanentemente sobrepasado.
- Miedo intenso a cometer errores.
- Necesidad de mirar continuamente el correo o anticipar problemas.
- Sensación de rechazo cada vez mayor hacia volver.
No significa automáticamente que tengas un trastorno de ansiedad ni que necesariamente tengas que dejar tu trabajo. Pero si que puede ser una señal que de hay algo que necesita ser escuchado.
¿El problema soy yo o mi trabajo?
Esta pregunta aparece muchísimo en terapia. Y muchas veces intentamos responderla demasiado rápido.
Quizá necesites aprender a poner límites. Quizás llevas meses funcionando por encima de tus posibilidades. Quizá existe un ambiente laboral que realmente te está haciendo daño. Quizá eres extremadamente exigente contigo mismo. Quizá tu puesto ha cambiado y las demandas actuales ya no son sostenibles. O quizá varias cosas están ocurriendo al mismo tiempo.
Por eso el objetivo no debería ser simplemente aprender técnicas para soportar mejor cualquier situación. Regular la ansiedad también implica conocer qué la está provocando. Porque no todo malestar necesita que aprendamos a aguantarlo mejor. A veces necesita que cambiemos algo.
No esperes necesariamente a estar al límite. Muchas personas piden ayuda cuando no pueden más. Cuando empiezan las crisis de ansiedad. Cuando no pueden dormir. Cuando necesitan una baja. O cuando levantarse para ir a trabajar se convierte cada mañana en una batalla. Pero no hace falta llegar hasta ahí.
Si notas que el trabajo está empezando a ocupar también tus domingos, tus noches, tus relaciones o tu capacidad para disfrutar cuando estás fuera de él, puede ser un buen momento para parar y preguntarte: ¿Qué me está intentando decir esta ansiedad?
No siempre tendremos una respuesta inmediata. Pero escucharla suele ser bastante más útil que pasar otro domingo intentando convencerte de que mañana tampoco será para tanto.
Si últimamente los domingos han dejado de sentirse domingos, quizá merece la pena escuchar qué está intentando decirte tu cuerpo.

